
Muchas bodegas prefieren dejar de lado la tradicional arquitectura inspirada en grandes castillos y fincas agrícolas, y apuestan por diseños audaces, que parece extraídos de películas futuristas, pero que a su vez se integran con el paisaje. Y Burdeos es la meca de esta tendencia.
Uno de los edificios es el de la Ciudad del Vino, ubicado a la vera del río Garona, que con su estructura metálica de formas sinuosas recuerda a un decantador de vino.
Otro es Château La Dominique, donde el arquitecto Jean Nouvel diseñó un edificio de 600 metros cuadrados con dos grandes paneles metálicos de color rojo, en cuyo centro se encontrará la bodega con el centro de visitantes, y donde el interior se podrá ver desde cientos de metros gracias a las paredes de cristal.